PARA RE-FLEXIONAR NUESTRA MISIÓN
- sinodoipv

- 27 jul 2019
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Durante estos últimos cuatro domingos del mes de julio de 2019, Lucas nos ha hecho volver la mirada a nuestra Misión como Iglesia. Nos ha hecho re-flexionar sobre ello. Y nos ha ayudado a establecer algunas características que debieran describir nuestra Misión transversalizando nuestros planes, proyectos y agendas institucionales.
Necesario es recordar que a lo largo de estos relatos, de estos episodios, Jesús va camino a Jerusalén. Camino al cumplimiento de SU Misión. Siempre, siempre enfocado en ella. Siempre, siempre consustanciado con ella. Siempre, siempre envuelto en ella, de manera indisoluble, sin disociación alguna. Sin vacilación alguna.
En el capítulo diez del versículo 1 al 11 y del 16 al 20, Jesús organiza a sus discípulos, los envía, los desafía, los instruye, los empodera y les encomienda una misión que es discurso pero también acción, que es discurso llamado a traducirse en hechos concretos, que es discurso liberador y transformador de realidades. Los envía de dos en dos, “a todos los pueblos y lugares a donde tenía que ir.” He aquí una primera característica de nuestra Misión: La ITINERANCIA. Una Iglesia en marcha, movilizada, en camino, en acción. Con un discurso y con un accionar cónsono con ese discurso “a todos los pueblos y lugares a donde tenía que ir (Jesús)”.
La parábola del Buen Samaritano por su parte, nos confronta con la premisa fundamental a partir de la cual hemos de desarrollar nuestra misión: …”Ama…Si haces eso, tendrás la vida.” Amar para vivir. El Maestro de la Ley se enredó en conceptualizaciones, queriendo aclarar, oscureció: “¿Y quién es mi prójimo?”…Interesante que para indicar la ubicación espacio-temporal del prójimo, Jesús apunta hacia el camino. Hacia el camino donde los poderes del mal asaltan, despojan de bienes que hacen posible la vida en dignidad, golpean y dejan al ser humano abandonado, en las periferias, en los márgenes, en la “zona del NO-SER”. ¿Hacia dónde estamos apuntando cuando pensamos en nuestra misión, en nuestros planes y proyectos?...¿Hacia dónde apunta nuestra agenda?. Como Iglesia, pasamos por ese mismo camino al que apuntó Jesús con su parábola…¿Rodeamos ese camino? ¿Pasamos de largo?...¿O movidxs a misericordia, sentimos compasión y nos convertimos en comunidad “prójima”, próxima, cercana. En comunidad sanadora, solidaria, hospedadora, cuidadora?. En este relato tan propio de Jesús, tan propio de su Evangelio, una segunda característica de nuestra Misión: La SOLIDARIDAD.
En casa de Marta y María, hay todo un ambiente de aprendizaje con una clara intencionalidad pedagógica: Nuestra misión como Iglesia, tiene que dar claras muestras de la ACOGIDA que damos al mismo Jesús, a su propuesta formativa, a su propuesta discipular y a su proyecto, que no es otro que el de la encarnación evidente y concreta de los valores del Evangelio. Solo así “acontece” el “reinado de Dios” en nuestro medio. El reinado de Dios, que trasciende la entelequia y que es proceso susceptible de ser facilitado. Allí está la tercera característica de nuestra Misión como Iglesia: La acogida que se expresa en el servicio atento y diligente al Jesús de las distintas identidades, de los distintos rostros que nos sugiere el Evangelista en Mateo 25: lxs hambrientxs, lxs sedientxs, lxs migrantes, lxs desnudxs, lxs enfermxs, lxs privadxs de libertad. La acogida que damos como Iglesia que “misiona”, al ser humano que yendo por el camino, es víctima de los poderes del mal, que asaltan, despojan, golpean, abandonan, marginan… En casa de Marta y María hay todo un ambiente de aprendizaje para que como Iglesia aprendamos la ACOGIDA a Jesús, por la vía del camino discipular, por la vía de la escucha activa y proactiva, que lo contempla, que lo atiende, que lo sigue y que lo emula. Acogida que se expresa en servicio y en escucha activa del mensaje que nos propone, que libera y que transforma.
En los primeros trece versículos del capítulo 11, percibimos una cuarta y última característica de la Misión de la Iglesia, que es imposible desestimar y dejar de lado: La ORACIÓN. Oración que provenga de seres humanos aunténticxs, que no se disuelve en discursos rebuscados y altisonantes. Oración que permite derramarnos en su presencia, tal cual somos. Oración que nos acerca a la divinidad, que no nos distancia de ella, oración que articula palabras, pero que también calla, para escuchar su voz en el silencio, oración que afirma nuestra fe, que se ocupa de los demás, oración que nutre y fortalece, oración que decodifica el mensaje de Dios para estos tiempos, oración que se concentra en la divinidad, pero que no cierra los ojos a las realidades humanas, oración que permite abrir oídos y brazos a los otrxs.

Berla Andrade
Iglesia Presbiteriana “Príncipe de paz”
Caracas. Venezuela.



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