LUCAS 20:27-38
- sinodoipv

- 9 nov 2019
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Jesús es nuevamente víctima de una trampa. Esta vez, los saduceos contradiciéndose con sus propias creencias, ponen un caso hipotético con la intención de que Jesús en su contesta, pusiera en evidencia el “error de la resurrección”. Y una vez más Jesús da la respuesta menos esperada por sus detractores (adversarios).
Finaliza su respuesta con una afirmación contundente, con uno de los hitos (eventos históricos importantes) del pueblo judío “La presentación de Iahvé a Moisés en la zarza ardiente: Yo soy el Dios de tus antepasados. Soy el Dios de Abraham, Isaac y Jacob”. Entre estos Patriarcas y Moisés hay al menos unos 500 años de diferencia; es obvio que estos patriarcas ya estaban muertos físicamente, pero Dios los considera vivos.
Esto es una de las cosas que nos mantiene firmes en la fe de que algún día nos encontraremos con nuestros seres queridos que han partido de este mundo antes que nosotras y nosotros; la fe en que resucitaremos al igual que Cristo, por el poder de Dios.
Por un lado vemos a un Jesús que está seguro de lo que cree y enseña, por otro vemos a unos adversarios que siempre anda buscando el momento y la forma de dejar en ridículo a Jesús o demostrar que es un hereje (que enseña falsas doctrinas).
Esto me hace reflexionar también en nuestro comportamiento ante otras doctrinas, ante otras expresiones de fe; tanto de nosotr@s ante ell@s, y de ell@s ante nosotr@s. A veces nos la pasamos poniéndonos trampa unos a otros por creencias y formas, y al final Jesús es quien tiene la respuesta correcta y fuera de nuestras expectativas.
Entendiendo que las cosas reveladas son para la humanidad, y las ocultas para Dios; corremos menos el riesgo adversar al mismo Jesús cuando nos ponemos creativ@s al pretender sostener un tema álgido con la intensión de hacer caer al hermano (normalmente de otra denominación) en una trampa.
La verdad es que Cristo murió y resucitó por ti y por mí, y por todo aquel que en Él cree; y que Dios nos resucitará con el mismo poder que resucitó a nuestro Señor Jesucristo. Y aunque suene ilógico ante la mente humana, esto lo creemos por Fe.
M.L. Nyeser Gómez




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