GRACIA QUE LLEVA A LA GRATITUD - LUCAS 17: 11-19
- sinodoipv

- 10 oct 2019
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Vulnerabilidad, injusticia, desgracia, sufrimiento, fragilidad, miseria, dolor; todos estos calificativos no alcanzan a describir la situación de un leproso en días de Jesús. Estaban obligados a mantener distancia de los “sanos”, anunciar a gritos su condición. Su desventura les da “identidad”, venciendo prejuicios, los enemigos a muerte se unen (samaritanos y judíos) andan deambulando, en la periferia (en la entrada de una aldea anónima), constituyen una especie de comité de bienvenida para Jesús, hasta ellos debió haber llegado la fama del Galileo, sólo él podía librarlos de las cadenas de la terrible enfermedad.
La condición de enfermos es atribuida a su condición de pecadores, no merecían la salud. Esto hace que se atrevan a pedir la compasión (GRACIA) del maestro, el enviado de Dios, es asi que sus gargantas (las que tantas veces gritaron: ¡impuro, impuro!) pronuncian (gritan) una súplica, la cual es atendida por Jesús con un mandato, mismo que es acatado de inmediato.
El camino que les llevaba al sacerdote estaba lleno de expectación, que le dirían? Al rato se llevan la sorpresa de su vida: ¡están sanos!. La larga condena había terminado de un momento a otro. El extranjero (samaritano), desobedece la orden de ir al sacerdote y vuelve donde su sanador y le adora (GRATITUD).
Sólo uno de diez mostró gratitud por el regalo más grande jamás recibido en su vida. Esta conmovedora historia (de la vida real) nos confronta con nuestras ingratitudes. ¿Estamos manifestando gratitud a nuestra familia, a nuestros semejantes, a nuestra comunidad de fe, a Dios? Muchas veces damos por sentado que el otro está obligado a obrar en nuestro favor y eso nos lleva a la ingratitud. Confesemos este pecado y pidamos al Padre nos ayude a ser agradecidos siempre.

Rev. Wilfredo Peña
Barquisimeto, Edo Lara



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